¿Cantará el polvo tus alabanzas?

—Señor, la última vez que los vi, se estaban preparando para una gran guerra.
—Sus iniquidades eran increíbles —dijo Jehová—. ¿Cuáles eran las naciones de quienes preparaban la guerra?
El segundo ángel respondió:
—Señor, se llamaban Inglaterra, Rusia, China y América.
—Vayamos entonces a Inglaterra.
Al otro lado del valle seco que había sido el Canal, la isla era una meseta de piedra, desmoronada y desolada. Por todas partes las rocas eran frágiles y carecían de fuerza. Y Dios se enfureció, y clamó:
—¡Que hablen las piedras!
Entonces las rocas grises brotaron en polvo, dejando al descubierto cavernas y túneles, como las cámaras de un hormiguero vacío. Y en algunos lugares brilló el metal reluciente, dispuesto en madejas gráciles pero sin diseño alguno, como si el metal se hubiera fundido y corrido como agua.
Los ángeles murmuraron; pero Dios dijo:
—Esperad. Esto no es todo.
Ordenó de nuevo:
—¡Hablad!
Y las rocas se alzaron una vez más, para dejar al descubierto una cámara aún más profunda. Y en silencio, Dios y los ángeles permanecieron de pie en círculo alrededor del pozo, inclinándose para ver qué formas brillaban allí abajo.
En la pared de aquella cámara más baja, alguien había cincelado una hilera de letras. Y cuando la máquina de esa cámara fue destruida, el metal incandescente se había rociado y había llenado las letras de la pared, de modo que ahora brillaban como plata en la oscuridad.
Y Dios leyó las palabras:
«ESTUVIMOS AQUÍ. ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?»

La historia de tu vida

el Libro del Tiempo podría existir, siempre y cuando nadie lo pudiera leer: el volumen quedaría alojado en una colección especial, y nadie tiene privilegios para acceder a él. La existencia del libre albedrío significa que no podemos conocer el futuro. Y sabemos que el libre albedrío existe porque tenemos una experiencia directa de su ejercicio. La voluntad es una parte intrínseca de la conciencia. ¿Y si no? ¿Qué pasaría si la experiencia de conocer el futuro cambiara a la persona? ¿Qué pasaría si provocara un sentimiento de urgencia, un sentimiento de obligación para actuar de la manera que ella sabía que lo haría?

El Gato negro

Me sentí desfallecer y, tambaleándome, caí contra la pared opuesta. Durante un instante se detuvieron en los escalones los agentes. El terror los había dejado atónitos. Un momento después, doce brazos robustos atacaron la pared, que cayó a tierra de un golpe. El cadáver, muy desfigurado ya y cubierto de sangre coagulada, apareció, rígido, a los ojos de los circunstantes. Sobre su cabeza, con las rojas fauces dilatadas y llameando el único ojo, se posaba el odioso animal cuya astucia me llevó al asesinato y cuya reveladora voz me entregaba al verdugo. Yo había emparedado al monstruo en la tumba.

Karen by Night

Like I Used To

 

No Puedo Estar Sin Ti

 

Feel Better Tomorrow

 

Be more

 

Heaven Or Las Vegas